El Marango: Varita Mágica en el Agua

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marango

Español: Moringa, Árbol del ben, Ben, Morango, Marango.
Filipino: Malunkai, Malungai, Mulangai, Mulangay,
Mexico: Arbol de las perlas, Chinto borrgo, Flor de Jacinto, Jacinto, Paraíso blanco, Paraíso de España, Perla, Perlas, Perla de la India, Perlas del oriente.
Colombia: Angela, Aceitoso, Marango, Colirio, Goma, Jeringa, Maranjo.
Venezuela: Aceite de Ben, Azucarillo.
Nicaragua: Marango, Maranjo, MARANGON
Brasil: Cedra.
Puerto Rico: Ben, Jasmin francés, Resada, Angela, Colirio, Sen de la tierra.
Inglés: Drumstick árbol, Ben, el mejor amigo de la madre, el árbol del rábano, West ben India.
(Cortesía de http://carlosjgfr.blogspot.com/2011/05/nombres-del-moringa-en-varios-idiomas-y.html)



Apartes del artículo cortesía de Revista Envío http://www.envio.org.ni/articulo/862

El Marango: Varita Mágica en el Agua
Por Raquel Fernández

Puede medir quince metros, da sombra y belleza, sus flores son blanco-amarillas y sus semillas hacen el prodigio de purificar el agua de beber en cualquier casa o en las cañerías de las grandes ciudades.

La industria y la tecnología actuales parecen estar en condiciones de enfrentar todos los problemas y satisfacer todas las necesidades. Pero sus respuestas y soluciones crean a veces problemas aún más graves. Los ojos de los científicos de alto quilataje se vuelven entonces hacia las plantas, a las humildes plantas de crecimiento silencioso y terco, para descubrir en ellas las verdaderas soluciones.

Es esto lo que ha ocurrido con el tratamiento del agua para hacerla potable. en los países desarrollados se usa en este proceso sulfato de aluminio, pero entre el aluminio y la terrible enfermedad conocida como mal de Alzheimer existe una estrecha relación poco estudiada todavía, pero cierta. La naturaleza tiene la respuesta alternativa: un árbol de esbelta figura y airosa fronda llamado marango puede resolver el mismo problema en menos tiempo, con menores costos y sin riesgos para la salud. Sus semillas son una varita mágica para limpiar el agua.

Las mujeres chinas lo sabían
El marango (Moringa olifera) es un árbol originario del corazón de Asia. Crece en las regiones subhimalayas, entre los 600 y 700 metros sobre el nivel del mar. Desde allí, y durante la ocupación de la India y países vecinos por los británicos, el marango se esparció por todo el mundo en las mochilas de los soldados de Su Graciosa Majestad. Su belleza, el encanto de sus flores blanco-amarillas y su rapidez para crecer, convirtieron a este árbol en privilegiado candidato para adornar los jardines ingleses. Ya antes el marango era conocido en China y allí había despertado el interés de las mujeres. Obligadas a dar de beber a sus hijos las terrosas aguas del gran río Yangtzé, habían descubierto que las semillas de aquel hermoso árbol que sombreaba su casa tenían el don de arrastrar la suciedad del agua hasta el fondo de la vasija donde la almacenaban y que aquel el poso de lodo no volvía a la superficie.

Las mujeres sudanesas .. comprobaron que las semillas del marango – árbol llegado a Sudán en los años de la Segunda Guerra Mundial – tenían las propiedades de la arcilla milagrosa y mayores ventajas: el árbol crece en el patio de la casa, da una sombra luminosa y agradable y se tiene la certeza de que mientras haya árboles de marango, habrá semillas disponibles y por lo tanto, agua limpia.

Samia Al Azharia Jahn…descubrió que sus semillas necesitaban de un mínimo tratamiento para producir el efecto deseado. Era necesario machacarlas en un mortero, preferiblemente de madera, hasta reducirlas a polvo y así mezclarlas con el agua. Tanto las semillas pulverizadas como las arcillas, necesitaban que se agitará el agua mezclada con ellas durante un rato para que el agua quedara limpia.

De micropartículas a macropartículas
¿Cómo queda purificada el agua? La limpieza es efecto de la diferencia de cargas eléctricas que se establece entre las partículas que se encuentran en suspensión en el agua y la ensucian y las partículas pulverizadas de la arcilla o de la semilla de marango. Las corrientes eléctricas aglutinan las partículas en suspensión en torno a las partículas de las semillas. Después de un rato, lo que empezaron siendo muchas partículas microscópicas que por su poco peso permanecían suspendidas en el agua sin dificultad, se van convirtiendo en gruesas macropartículas, cada vez más grandes, hasta que la fuerza de la gravedad las arrastra hacia el fondo.

El marango no garantiza que el agua quede totalmente libre de gérmenes patógenos. El agua se limpia, pero no se convierte en agua totalmente purificada. Pero al reducir drásticamente la cantidad de partículas en suspensión, también se reduce la cantidad de microorganismos, pues éstos viven en torno a las partículas. Más aún, los microorganismos quedan apresados entre las gruesas macropartículas que caen al fondo del recipiente, de donde ya no pueden liberarse. El marango no convierte el agua cruda en agua purificada y sin gérmenes – esto sólo se logra con tratamiento químico o hirviéndola -, pero deja el agua potable, digna de un consumo humano digno.

Aunque hasta ahora el marango sólo se utiliza de forma artesanal en recipientes caseros, puede emplearse en la purificación de aguas para el uso de grandes comunidades humanas, de ciudades. Todo lo que hay que hacer es poner en el agua mayor cantidad de semillas. La proporción adecuada es 2 gramos de semillas pulverizadas por litro de agua, cuando ésta está totalmente lodosa. Después, ya es cuestión de observación del agua y cálculo de dosis. El marango nunca altera el sabor del agua.

También para las aguas servidas (residuales)
El marango no sólo purifica el agua para su consumo. También puede limpiar las aguas servidas para que no conviertan ríos, mares o lagos en cloacas. Con el marango, los desagües se transformarían en nuevos afluentes artificiales que aportarían a los ríos más agua, y agua limpia, garantizando así su vitalidad.

El procedimiento es muy sencillo. Se trata de construir lagunas de oxidación y sedimentación, en las que desaguarían las aguas servidas de los centros poblacionales. En esas lagunas, el agua recibiría, entre otros, el tratamiento con marango, para que las partículas en suspensión sedimenten y el agua se limpie debidamente. La basura que arrastra el agua se depositaría en el fondo de las lagunas. Al almacenar una cantidad suficiente de residuos se vaciaría la laguna y se procesaría el sedimento mediante secado y prensado en tortas, que servirían como alimento rico en proteínas para el ganado o como abono orgánico.

Como el agua de las ciudades tiene el inconveniente de que arrastra cantidades importantes de productos no orgánicos, habría que aplicarles en ese caso determinadas especies de algas que son capaces de transformar casi todo lo que existe en productos inocuos.

Los metales pesados -que abundan en los desechos de las grandes metrópolis industriales y contaminan el agua- también pueden ser tratados y absorbidos por las plantas. Se ha demostrado que el exhuberante lirio de agua (Scirpus lacustris) utiliza en su metabolismo por lo menos cuatro metales pesados peligrosos, entre ellos el estroncio y el cobalto. Respecto a los problemas que plantea la vertiginosa multiplicación del lirio de agua – por ejemplo, en nuestro lago de Apanás -, éstos se compensan porque esta planta es una excelente materia prima para la producción de biogás.

Limpiador del aceite
Todos los procedimientos que se utilizan para refinar aceite son caros, complicados y de difícil manejo. Son tecnologías importadas que los países pobres pagan en divisas. Solo hay un método fácil, barato y de producción nacional: espolvorear un poquito de semilla de marango en el aceite sin refinar y esperar un par de horas. Al cabo de ese tiempo, en la parte inferior del recipiente se habrá formado un grueso poso de alto contenido proteínico para alimentación animal, mientras que el aceite quedará transparente y limpio, sin olores ni sabores extraños.

El poder refinador del marango es tan fuerte que al echar polvo de sus semillas en aceite oficialmente refinado – el que se vende en cualquier supermercado – aún puede extraerse un considerable poso de sustancias que no hubieran debido estar allí, pero que están por las limitaciones de los actuales procesos depuradores.

Ocho metros en un año
Las semillas del marango – del tamaño de un frijol y colocadas dentro de una vaina – hacen el milagro de limpiar líquidos. Producen también, al ser prensadas, un aceite que sirve para el consumo humano. La torta resultante de los residuos es también un excelente alimento para el ganado. Las hojas del árbol tienen muy buen sabor para comerlas en ensalada y sus raíces, bien preparadas, se transforman en un alimento sabroso y riquísimo en proteínas.

El marango gusta de los suelos franco-arenosos, desarrollándose bien en países tropicales y subtropicales. Es una planta que crece a un ritmo rapidísimo. En menos de un año, la semilla se transforma en un frondoso árbol de ocho metros de alto, que ya da flores y nuevas semillas…Sus lindas flores blanco-amarillas sólo se utilizan para curar la tos, en cocimiento endulzado con miel de jicote. La velocidad en el crecimiento de la planta hace pensar a los científicos que actualmente estudian el marango que este árbol debe tener algunas hormonas de crecimiento muy activas que podrían aplicarse a otros cultivos.

Sólo siete de las especies han sido estudiadas. Tal vez todas encierran valiosos tesoros. Quien más tiempo de su vida ha dedicado a descubrirlos y a penetrar en los secretos de esta familia vegetal ha sido Samia Al Azharia Jahn, que por estas fechas debe estar en cualquier remoto lugar de la tierra, en donde se abren las varitas mágicas y estallan las flores amarillas de un marango.